Vitrocerámica rota: cuándo se puede seguir usando y cuándo no
La pregunta real no suele ser cómo arreglarla, sino si se puede seguir cocinando encima. Depende del tipo de daño, y hay un caso en el que la respuesta es que no.
Tres daños distintos que la gente llama igual
El cristal de una vitrocerámica o de una inducción es vitrocerámico templado: aguanta mucho calor y mucho peso repartido, y muy mal un golpe seco y puntual. Cuando aparece un daño, conviene mirarlo a contraluz y con el dedo, porque hay tres casos y solo uno es grave.
1. Arañazo superficial. Líneas mates de arrastrar cazuelas con el fondo rugoso o de restos de azúcar. Son antiestéticos y no afectan a nada. No se pueden pulir sin arriesgarse a debilitar el cristal, así que toca convivir con ellos.
2. Esquirla o cráter. Ha saltado un trocito, normalmente por la caída de un objeto pesado o por el borde. Si el hueco es pequeño, no atraviesa el cristal y está fuera de una zona de cocción, puedes seguir usando la placa con dos cuidados. Uno, que no entre líquido por ahí: limpia con el paño escurrido, no con agua a chorro. Dos, vigila que no crezca.
3. Grieta que atraviesa el cristal. Es una línea que se ve por completo, que notas con la uña por los dos lados del recorrido y que muchas veces cruza de un extremo a otro. Este es el caso en el que hay que dejar de usarla. No por el cristal en sí. El problema es el vertido (una olla de agua que hierve, la leche que se sale). Se cuela hasta las resistencias, el cableado y la electrónica que hay justo debajo. Ahí ya no hablamos de estética sino de riesgo eléctrico.
Por qué se rompen
Casi siempre por impacto puntual: un tarro, una olla que se resbala, la esquina de una tapa de cristal que cae de canto. Mucho menos por calor.
Hay una excepción que conviene conocer: el choque térmico por vertido de líquido frío sobre una zona muy caliente. Una placa a plena potencia y un chorro de agua fría encima pueden hacer que salte. También cocinar sistemáticamente con una olla mucho más pequeña que la zona concentra tensiones donde no toca.
Y una advertencia útil sobre el azúcar y los plásticos. Si cae azúcar, mermelada o un plástico blando sobre la placa caliente, retíralo en caliente con una rasqueta, sin esperar a que enfríe. Al solidificarse se agarra al vitrocerámico, y cuando lo arrancas después se lleva un trocito de cristal. Es exactamente el caso 2 de arriba.
Qué implica cambiar el cristal
Aquí hay una diferencia grande según el tipo de placa, y conviene saberla antes de pedir presupuesto:
En muchas vitrocerámicas clásicas el cristal es una pieza separable del conjunto y se puede sustituir. Sigue siendo una pieza cara (es un vitrocerámico específico del modelo, no un cristal cualquiera), y tienes que dar el modelo exacto de la placa de características.
En muchas inducciones, el cristal viene pegado al bastidor y a la electrónica formando un bloque, y sustituirlo equivale prácticamente a cambiar la placa entera. Por eso muchos presupuestos de inducción rota se acercan tanto al precio de una nueva. Y por eso la conversación acaba casi siempre en reparar o cambiar.
Un dato práctico antes de cualquier decisión: mide el hueco de la encimera. Las medidas de corte están bastante estandarizadas y en muchos casos entra una placa nueva sin tocar el mueble, lo que cambia bastante las cuentas.
La instalación no es cosa de aficionados
Una placa de cocción, sea vitro o inducción, es de los aparatos que más potencia consumen de la casa. Y muchas veces va cableada directamente a su propio circuito, sin enchufe. Sustituirla implica trabajar en esa conexión. Si la tuya va directa al cuadro, es trabajo de un instalador. El porqué lo explica Electricidad al Día.
Mientras decides
Si la grieta es pasante y vas a tardar unos días en resolverlo, lo sensato es no usar esa placa. Tampoco las zonas alejadas de la grieta: el vertido no distingue. Si además la placa hace saltar el diferencial, o notas olor a quemado, desconéctala del cuadro y no vuelvas a encenderla.
Preguntas frecuentes
¿Se puede usar una vitrocerámica con el cristal rajado?
No, si la grieta atraviesa el cristal: la que se nota con la uña por todo su recorrido. El problema no es el cristal sino que un vertido se cuela hasta las resistencias y la electrónica que hay debajo, y eso es riesgo eléctrico. Un arañazo superficial o una esquirla pequeña que no atraviesa sí permiten seguir cocinando con cuidado.
¿Por qué se ha roto sin darle ningún golpe?
Suele haber un impacto puntual anterior que pasó desapercibido, o un choque térmico: un líquido frío derramado sobre una zona a plena potencia. Otro origen frecuente es haber arrancado en frío azúcar o plástico derramado, que al solidificar se agarra al vitrocerámico y se lleva un trozo al despegarlo.
¿Sale a cuenta cambiar solo el cristal?
En muchas vitrocerámicas sí, porque el cristal es una pieza separable, aunque cara y específica del modelo. En muchas inducciones no: el cristal viene pegado al bastidor y la electrónica, y sustituirlo equivale casi a cambiar la placa entera. Mide el hueco de la encimera antes de decidir: suele entrar una placa nueva sin tocar el mueble.
Fuentes
Lo que se explica aquí se apoya en estas fuentes oficiales. Si consultas una y no coincide con lo que lees, manda la fuente: se corrige el artículo.
- BOE. Texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios (RDL 1/2007)
- BOE. Reglamento electrotécnico para baja tensión (RD 842/2002)