La nevera no enfría: qué comprobar y dónde parar
Es el único aparato de la casa que trabaja las 24 horas, y también el único cuyo circuito no se abre en casa. Aquí el diagnóstico llega hasta un punto muy concreto.
Antes de nada: mide, no toques
«No enfría» significa cosas muy distintas según cuánto. Antes de sacar conclusiones, mete un termómetro de cocina en un vaso de agua en la balda central y déjalo unas horas. La referencia sanitaria habitual es mantener el frigorífico en torno a los 4-5 °C y el congelador alrededor de −18 °C. Con ese dato ya sabes si tienes una avería o un termostato mal puesto.
Regla dura de esta página, y va por delante: el circuito de gas refrigerante no se toca. Es gas a presión. Para manipularlo hace falta carné de manipulador de gases fluorados, y si lo haces mal el aparato queda para tirar. Todo lo que sigue es diagnóstico externo. Cualquier vídeo que te enseñe a «recargar el gas» de tu nevera en la cocina te está metiendo en un problema.
1. Lo tonto, que pasa más de lo que parece
- El mando de temperatura movido. Alguien lo giró al colocar la compra, o está en modo vacaciones. Es lo primero que hay que mirar.
- Sobrecarga. Una nevera llena hasta arriba, con las rejillas de circulación tapadas por tuppers pegados al fondo, no reparte el frío. En un No Frost esto es especialmente crítico: si tapas la salida de aire del fondo, la parte de abajo no se enfría.
- Una puerta que no cerró. Un tarro que sobresale y deja la puerta a medio milímetro basta para que el aparato pase la noche trabajando sin llegar a nada.
2. La goma de la puerta
La prueba del papel: cierra la puerta atrapando un folio y tira. Si sale sin resistencia, la goma no está sellando en ese punto. Repítelo en varios sitios de todo el perímetro, sobre todo en las esquinas inferiores, que es donde primero falla.
Muchas gomas resecas o deformadas recuperan bastante con agua caliente y un paño. También sirve un secador a temperatura suave, pasado despacio para que el fuelle vuelva a su sitio. Si está agrietada o rota, hay que sustituirla, y no es de las piezas caras.
3. La rejilla de atrás y la ventilación
El condensador es la parrilla negra de la trasera, o un serpentín integrado en los modelos más nuevos. Por ahí suelta el calor la nevera. Si está cubierto de polvo y pelusa, no puede soltarlo, y el aparato trabaja sin parar sin llegar a enfriar. Límpialo con el aspirador y un cepillo, con la nevera desenchufada. Son cinco minutos de trabajo y de las cosas que más rendimiento devuelven.
Comprueba también que hay hueco alrededor: la mayoría de fabricantes pide unos centímetros por detrás y por arriba. Una nevera empotrada a presión en un hueco justo se ahoga, sobre todo en verano.
4. Qué te dice el patrón del frío
Aquí el síntoma concreto vale más que cualquier otra pista:
- El congelador congela pero el frigorífico no. Muy típico y muy informativo: en un No Frost apunta al ventilador que reparte el aire entre los dos compartimentos, o a que el evaporador se ha llenado de escarcha porque el sistema de desescarche no está funcionando. Si al abrir el congelador oyes o no oyes el ventilador, ya tienes media respuesta.
- Ninguno de los dos enfría y el aparato está en silencio total. No arranca el compresor: puede ser el relé de arranque, el termostato o el propio compresor.
- Ninguno enfría pero el compresor lleva horas funcionando sin parar y la trasera está caliente. Suele ser falta de refrigerante o un problema en el circuito. Es el escenario en el que el diagnóstico casero se acaba.
- Enfría a rachas, con hielo en la pared del fondo del frigorífico. Suele ser desescarche o el desagüe interior atascado.
5. El desagüe interior, que causa el charco
En la pared del fondo del frigorífico, abajo del todo, hay un agujerito de desagüe. Por ahí se va el agua del desescarche hacia una bandeja sobre el compresor, donde se evapora. Si se obstruye con restos, el agua se acumula dentro, se congela contra la pared y acaba saliendo por la puerta. Es la causa número uno del charco bajo la nevera. Lo desatascas con un bastoncillo o con un poco de agua templada, sin desmontar nada.
Cuándo hay que llamar, y con qué información
Si has comprobado mando, carga, goma, rejilla y desagüe y el patrón sigue siendo de avería, llama. Dale los datos: la temperatura medida, si el compresor arranca o no, si se oye el ventilador y desde cuándo pasa. Eso cambia por completo la conversación.
Una advertencia final sobre la decisión: en un frigorífico, compresor y circuito son la reparación cara. En un aparato que ya tiene bastantes años, ese diagnóstico suele llevar directamente a la conversación de reparar o cambiar, sobre todo porque un modelo actual consume bastante menos.
Preguntas frecuentes
¿A qué temperatura debe estar la nevera?
La referencia habitual es en torno a 4-5 °C en el frigorífico y alrededor de −18 °C en el congelador. Para saber la real, mete un termómetro de cocina en un vaso de agua en la balda central y déjalo varias horas: medir la temperatura del aire al abrir la puerta no sirve de nada.
El congelador congela pero el frigorífico no enfría, ¿qué es?
Es un patrón muy informativo. En un No Frost suele ser el ventilador que reparte el aire entre los dos compartimentos, o un evaporador lleno de escarcha porque el desescarche no está funcionando. Comprueba también que no hayas tapado con tuppers la salida de aire del fondo.
¿Puedo recargar el gas de la nevera yo mismo?
No. El circuito de refrigerante va a presión y manipularlo exige carné de manipulador de gases fluorados; hacerlo mal deja el aparato inservible además de ser ilegal. El diagnóstico desde casa llega hasta identificar el síntoma (compresor que no para, trasera caliente y nada de frío) y ahí para.
Fuentes
Lo que se explica aquí se apoya en estas fuentes oficiales. Si consultas una y no coincide con lo que lees, manda la fuente: se corrige el artículo.
- EUR-Lex. Reglamento (UE) 2019/2019, diseño ecológico de los aparatos de refrigeración
- AESAN. Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición